Ingresó la Generación 2018 al recinto de los inmortales del beisbol de las Grandes Ligas.
Vladimir Guerrero, Trevor Hoffman, Chipper Jones, Jack Morris, Alan Trammell y Jim Thome integran la Generación 2018 del Salón de la Fama del beisbol profesional en Cooperstown (Foto cortesía @MLB).

COOPERSTOWN – Este domingo 29 de julio, alrededor de 50,000 espectadores se congregaron en un día soleado para rendir honores a los seis nuevos miembros de la Generación 2018 del Salón de la Fama del beisbol profesional de las Grandes Ligas: el dominicano Vladimir Guerrero, Chipper Jones, Jim Thome, Trevor Hoffman, así como los ex compañeros de Detroit, Jack Morris y Alan Trammell.

Ovacionado por cientos de personas que agitaron banderas de República Dominicana, Vladimir Guerrero habló en español durante unos cinco minutos. Agradeció a su padre y a su madre, quien cocinaba la cena para él y ahora lo hace para su hijo.

Se mostró también agradecido con los fanáticos y con la gente en Don Gregorio, su localidad natal.

Su hijo Vladimir Jr, prospecto de las menores con los Azulejos, estaba presente.

Nueve veces elegido para el Juego de Estrellas, el jardinero bateó para .318 con 449 cuadrangulares y 1.496 impulsadas. Fue el primer pelotero entronizado en Cooperstown con la gorra de los Angelinos, el equipo con el que tuvo sus mayores éxitos.

Chipper Jones no se doblegó ante la presión del momento. Y eso que ésta era significativa. El ex jugador emblemático de los Bravos de Atlanta fue exaltado el domingo al Salón de la Fama y pronunció un discurso conmovedor, bajo la mirada de su esposa Taylor, quien en cuestión de horas dará a luz a un hijo que recibirá el nombre de Cooper, en honor al recinto de Cooperstown, tras este día especial.

Jones controló sus emociones durante un discurso en que rememoró toda su carrera, comenzando con su campaña de novato, cuando ayudó a que Atlanta ganara la Serie Mundial de 1995. Fue uno de los mejores bateadores ambidextros de la historia, a la imagen de Mickey Mantle, el pelotero a quien idolatraba su padre.

Finalizó con un promedio de bateo de .303, 468 cuadrangulares y 1.623 carreras producidas, credenciales que le valieron la elección al recinto de los inmortales en el primer intento.

Jim Thome, quien se mostró muy emocionado en febrero, durante una visita al museo del Salón de la Fama a fin de prepararse para este día, mantuvo ahora la compostura. Eso sí, se limpió las lágrimas después de que su hija Lila cantó el Himno Nacional.

“Estoy muy honrado de ser parte de algo tan especial”, manifestó Thome. “El béisbol es hermoso y yo estoy por siempre a su servicio”.

El zurdo bateó 612 vuelacercas, para ubicarse en el octavo sitio de la historia. Impuso un récord de las mayores con 13 jonrones con los que puso fin a un juego, la mayor parte con los Indios de Cleveland. Sumó también 1.699 remolcadas, 1.583 anotadas y 1.747 bases por bolas.

Entre las muchas personas a quienes Thome agradeció figuró el exmanager de Cleveland, Charlie Manuel, quien fungió como coach de bateo de los Indios en las décadas de 1980 y 90.

Manuel estaba entre el público.

Tal como lo hizo como relevista implacable, Trevor Hoffman no mostró un solo atisbo de nervios al pronunciar su discurso, que cerró con un agradecimiento a su esposa.

Elegido en su tercer año en la papeleta, Hoffman jugó buena parte de su carrera con los Padres de San Diego, y la finalizó con los Cerveceros de Milwaukee. Durante tres años, no logró impresionar a los ejecutivos como campocorto, por lo que se mudó al bullpen y se convirtió en una estrella.

Su consistencia y sangre fría se vieron reflejados en los 601 partidos salvados con los que impuso la marca de todos los tiempos, siendo el primero en superar los 600 rescates en las Grandes Ligas, y que fue superada años después por el panameño Mariano Rivera.

Jack Morris, quien tiene ahora 63 años, lanzó 18 temporadas para los Tigres, Mellizos, Azulejos e Indios, y ganó cuatro veces la Serie Mundial. En los 80, lideró a todos los lanzadores con 2.444,2 innings de labor y 162 victorias. Encabezó también la Liga Americana en ponches, con 1.629.

Entre las personas a quienes mencionó estuvieron sus padres y el fallecido Sparky Anderson, quien guio a los Tigres al cetro en el Clásico de Otoño de 1984.

El momento cumbre en la carrera de Morris fue su victoria por 1-0 con juego completo de 10 entradas en el séptimo enfrentamiento de la Serie Mundial de 1991, lanzando por los Mellizos de su ciudad natal contra los Bravos. El manager de Minnesota, Tom Kelly, quería retirarlo después de nueve innings, pero Morris, de 36 años, lo convenció de no hacerlo.

Morris y Trammell fueron elegidos juntos en diciembre por un comité de veteranos, lo que hizo la jornada más especial para ellos.

Alan Trammell jugó durante 20 temporadas como campocorto, siempre con los Tigres. Se le eligió seis veces para el Juego de Estrellas, ganó cuatro Guantes de Oro y tres Bates de Plata. Su porcentaje de fildeo de .977 es sexto entre los torpederos que han jugado al menos 2.000 encuentros.

Como miembro del equipo campeón de la Serie Mundial de 1984, con Morris como compañero, y eterna mancuerna del segunda base Lou Whitaker en la llave de las doble matanzas, su entronización al recinto de los inmortales llegó 22 años después de su retiro.

“Honestamente, yo pensé que este día jamás llegaría”, dijo con sinceridad Trammell, quien además fue el Jugador Más Valioso en el Clásico de Otoño de 1984, durante el que bateó para .450 de promedio con 2 home runs y 6 carreras producidas. Desde entonces, los Tigres no han vuelto a coronarse.

(Con información de MLB.com).