El catcher David Ross, de los Chicago Cubs se despidió como campeón.
Foto cortesía MLB.com.

El veterano receptor de los Cachorros de Chicago David Ross se llevó la despedida más dramática y emocionante entre los personajes que este año se despidieron del beisbol de las Grandes Ligas y los superó, simplemente, porque se va por la puerta más grande de todas: Como campeón de la Serie Mundial.

No podríamos decir que grandes peloteros como el dominicano “Big Papi” David Ortiz o el primera base Yankee Mark Teixeira no fueron muy celebrados o que los legendarios cronistas Vin Scully y Dick Enberg no se hayan ido entre la admiración y la aclamación popular, pero Ross lo hizo como a todos les encantaría: siendo campeón en un séptimo juego de Serie Mundial y habiendo pegado un cuadrangular.

Ross entró al partido en la quinta entrada como cátcher de cabecera del zurdo Jon Lester, quien hizo su primera aparición como relevista desde los playoffs del 2007. En ese momento, vivió un momento muy complicado porque un wild pitch de Lester, le pegó en la careta después de picar sobre el terreno de juego y lo envió hacia atrás. En lo que se repuso, Carlos Santana y Jason Kipnis anotaron y la pizarra se puso 5-3 siempre a favor de los Cachorros, pero con la sensación de que se acercaba peligrosamente la tribu.

Y entonces vino el pasaje de gloria porque en la sexta entrada con out, Ross disparó home run solitario contra el relevista Andrew Miller para ampliar la ventaja a 6-3. Aunque el juego se empató posteriormente y se decidió en 10 entradas, Ross ya había escrito historia al convertirse en el jugador más mayor edad que se vuela la barda en un 7mo juego de Serie Mundial. Ross lo hizo a los 39 años y 228 días, es decir, tres días mayor que el gran Willie Stargell, de los Piratas de Pittsburgh en 1979 contra los Orioles de Baltimore.

Ross culmina una carrera en la que debutó  en 2002 con los Dodgers de Los Angeles y durante la que pudo ser campeón con dos diferentes franquicias: Medias Rojas de Boston (2013) y ahora Cachorros de Chicago (2016).

Su salida en hombros fue un reconocimiento de sus compañeros y un cuadro más que quedará en la memoria de los Clásicos de Otoño.