Después de muchos ‘dimes y diretes’ y de toda clase de pronósticos sobre el retorno de Julio César Chávez Jr. a los cuadriláteros, tras un año y medio sin pisar el cubo de las 16 cuerdas, el hijo de la leyenda regresó a la senda de la victoria en Monterrey, donde derrotó de manera clara y contundente al alemán Dominik Britsch, en una pelea pactada a diez páginas.

Foto: Cortesía
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El beneficio de la duda se le tiene que dar a todo deportista. Chávez Jr. tomó la decisión de regresar a los encordados, tras sufrir una crisis mental y física, por la cual el pugilista estuvo a punto de dejar el boxeo al no poder obtener buenos resultados en sus últimos combates y, más aún, cuando su vida personal fue manchada por la derrota con ‘Maravilla’ Martínez y el consumo de marihuana.

Fueron 18 meses durante los que el hijo pródigo de la gran leyenda del deporte de los puños rojos  tuvo que analizar, día con día, video tras video, para tomar la decisión de volver al mundo del boxeo; de hecho, fueron sus ganas de demostrar a la gente que no era solo el protegido de las promotoras por ser quien era para volver al camino de la victoria.

No fue el mejor regreso que un deportista pudo brindar a sus seguidores. No fue la manera más adecuada de manejar el cuadrilátero. Al parecer su pegada bajó de manera considerable. Su visión sobre de la lona dejó mucho qué desear. Pero, mentalmente, el triunfo que se llevó a casa con todas las puntuaciones por los jueces es la mejor vitamina que una persona puede llegar a obtener, después de muchos descalabros, tanto en su vida personal como profesional.

Ahora debemos esperar que su promotora le asigne nuevos retos. No es por demeritar la actuación del germano en tierra azteca, mas sí debemos exigir, no sólo al ‘Junior’, sino a todas esas personas que rodean el planeta llamado boxeo mexicano, pues la calidad de las funciones está en decadencia, al saber, desde que te muestran la cartelera, quién se va a llevar el triunfo.

Al parecer,  a los directivos sólo les importa el negocio que les dejan sus funciones y es válido, pero, desafortunadamente, las actuaciones de cada pugilista dejan mucho que desear y eso no es lo que se debe de hacer.

Como aficionados de uno de los deportes que nos dejó muchas alegrías en tiempos de gloria, debemos exigir que nos regalen peleas de calidad y no cantidad. Debemos hacer hincapié que todos esos deportistas que se suben al cuadrilátero son guerreros y no paleros de los empresarios.

Sí. El boxeo, como todo deporte, es un negocio en México y en todo el mundo, pero si vamos a consumir un producto, requerimos, como seguidores del mismo, que nos den un buen sabor de boca y no sólo corajes con lo que se paga o no, pues si seguimos adquiriendo ese tipo de cuestiones, el vicio será algo constante y jamás regresarán las glorias, no sólo para el atleta de manera personal, sino como mexicanos seguiremos sufriendo en arañar esas medallas de bronce en los Juegos Olímpicos.